11 septiembre 2017

Galería de derrotados (relato)

Algunos de mis mejores amigos han muerto más o menos prematuramente. O han visto sus vidas devastadas por sí mismos o por otros en su camino hacia el final. No sé si eran buenas personas —sospecho que sí—, pero eso me tiene sin cuidado. Eran buenos amigos. Eso sí que me importa.
Estas personas fueron derrotadas, algunas tras una dura lucha, otras sin apenas defenderse; las hubo incluso que no tuvieron conciencia de que vivir supusiera tener que pelear. Comoquiera que sea, fueron derrotadas. Siempre hay alguien a mano que sabe que vivir supone pelear cuando tú lo ignoras; nunca falta quien te supera cuando juega con tu confianza y la traiciona con doctrinas ajustadas a la oportunidad. Ellos, los triunfadores, sin embargo, son gente muy poco interesante, muy vulgar, demasiado vista. Los triunfadores ni siquiera son felices. Como mucho están satisfechos a ratos, más o menos como todos. Nunca hay una buena historia detrás de un triunfador. Puede haber una historia entretenida, pero de baja calidad humana. Y aquí hablamos de seres humanos que pasan por la vida de visita, que curiosean, que cogen las figurillas de las estanterías y las vuelven a dejar donde estaban, que no tienen plano ni brújula o alguien se los ha birlado. Es decir, de perdedores.
A veces me preguntan por qué siempre escribo sobre personas desgraciadas. Suelo contestar que estaré encantado de escribir sobre personas felices cuando conozca a alguna.