29 mayo 2017

Vicentito va a casarse (relato)

Escribí este relato hace poco e inmediatamente lo leí en un taller de escritura de una de las bibliotecas de la Comunidad de Madrid. Mereció rechazos y elogios, unos y otros sin base razonable. Me encanta. Cuando un texto provoca rechazos y elogios sin que los argumentos vengan a estorbar a las sensaciones —incluso en un taller de la Comunidad de Madrid—, lleva dentro el núcleo: la literatura.

Vicentito va a casarse. Tendré que hacerle un regalo. Yupi.
Llega el metro. De aquí a Legazpi, cuarto menguante. En la imprenta acaban de sacar el Emilio de Rousseau, la estafa del siglo de las Luces. Vicente me lo ha pedido, y se lo llevo en una bolsa mugrienta.
Esa señora aplastada por cuatro párpados me deja su asiento. Estiro las piernas. La cartera. ¿Cuánto dinero…? Veinte pavos. De propina, esta foto con Emilia, con su cara pegada a la mía en Segovia. ¿Por qué traje esta foto? ¿Por qué no la rompo? Hace un mes dejé a Emilia después de tres años de Segovia. Ciudad llena de piedras vistosas y personas muertas de aburrimiento. En la imagen aparecemos frente a la estatua a Juan Bravo, el último segoviano que se lo pasó bien.