09 noviembre 2017

Maternidad (relato)

Uno
Jorge es un niño de pelo rubio que oscurece. Aquel día llevaba pantalones cortos, recuerda el desconocido. Alguien le dejó en la puerta del bar donde trabaja su madre como cocinera, en el centro de Madrid. Hacía sol. La madre estaba en un descanso, sentada frente a una mesa sobre la que se esparcían tacos de papeletas de participaciones de lotería y un tampón con su almohadilla azul. La mujer dejó de sellar. El niño se aproximó a la mesa. Un camarero negro le acarició la cabeza y le saludó:
—Jorge, campeón.
La madre vestía el uniforme blanco de la cocina. Era una mujer como al borde de los treinta, alta y con un buen tipo, y tenía el pelo marrón recogido en un moño sencillo. Cuando Jorge llegó tambaleante hasta ella, le alzó sobre sus rodillas. El camarero negro se metió detrás de la barra. El niño, risueño, tendió las manos hacia las papeletas y el sello del bar que se presentaban ante él sobre la mesa.
—¿Ves? Así. Muuuy bien.
Eso recuerda el desconocido que canturreó la madre al niño mientras le tomaba la mano derecha, con la que Jorge sujetaba el mango del tampón, y la hacía descender con fuerza sobre las papeletas, una tras otra. Las manchas rectangulares de tinta azul marcaban aquellas papeletas bien impresas, de una en una, con golpes amortiguados.

19 octubre 2017

La bonita libertad de los mendigos

Ayer tuve una severa sesión, casi una ración embutida, de realidad virtual en uno de los talleres de “escritura creativa” gratuitos a los que —cada vez menos— asisto. Se trataba de escribir un relato sobre algo que los alumnos no entendiéramos. Ésa era la propuesta de la profesora, y allí acudimos con nuestros desconciertos puestos por escrito bajo el brazo. El campo era muy vasto: la incomprensión es el continente más extenso y más poblado del planeta, de eso no cabe duda. Se trataba, claro, de escribir sobre algo que no entendiéramos pero que quisiéramos entender. Es decir, sobre algo que nos suscitara interés. Curiosidad. De esto hablaremos más adelante. Uno de los relatos, de una compañera, hablaba de un mendigo sin casa que se plantaba en la calle con un vaso y no se comunicaba con nadie. O eso entendí; en todo caso el detalle de la narración no importa demasiado para el fin de este comentario.

11 septiembre 2017

Galería de derrotados (relato)

Algunos de mis mejores amigos han muerto más o menos prematuramente. O han visto sus vidas devastadas por sí mismos o por otros en su camino hacia el final. No sé si eran buenas personas —sospecho que sí—, pero eso me tiene sin cuidado. Eran buenos amigos. Eso sí que me importa.
Estas personas fueron derrotadas, algunas tras una dura lucha, otras sin apenas defenderse; las hubo incluso que no tuvieron conciencia de que vivir supusiera tener que pelear. Comoquiera que sea, fueron derrotadas. Siempre hay alguien a mano que sabe que vivir supone pelear cuando tú lo ignoras; nunca falta quien te supera cuando juega con tu confianza y la traiciona con doctrinas ajustadas a la oportunidad. Ellos, los triunfadores, sin embargo, son gente muy poco interesante, muy vulgar, demasiado vista. Los triunfadores ni siquiera son felices. Como mucho están satisfechos a ratos, más o menos como todos. Nunca hay una buena historia detrás de un triunfador. Puede haber una historia entretenida, pero de baja calidad humana. Y aquí hablamos de seres humanos que pasan por la vida de visita, que curiosean, que cogen las figurillas de las estanterías y las vuelven a dejar donde estaban, que no tienen plano ni brújula o alguien se los ha birlado. Es decir, de perdedores.
A veces me preguntan por qué siempre escribo sobre personas desgraciadas. Suelo contestar que estaré encantado de escribir sobre personas felices cuando conozca a alguna.

25 agosto 2017

Nietzsche contra la Idea

El 25 de agosto de 1900, hace 117 años, murió Friedrich Nietzsche. Su filosofía es demasiado amplia, demasiado llena de matices —y de contradicciones o, al menos, de puntos interpretables— como para poder exponerla en un pequeño espacio. Me detendré sólo en algunos aspectos que me parecen especialmente interesantes.
Ante todo, conviene dejar claro que la filosofía de Nietzsche no es social sino individual. Nietzsche siente ansia de libertad individual, también para sus semejantes, puesto que para él la libertad del otro no es el límite sino la garantía de su propia libertad. Pero se trata de que el ser humano, cada ser humano, se emancipe. No en un cuarto cerrado, claro está; en contacto con los demás, pero en definitiva cada cual sólo responde ante sí mismo.
Nietzsche se empeña en refutar punto por punto toda la filosofía especulativa que ha llegado hasta él, usando al menos en parte sus propias armas. La diferencia con Stirner es que éste la despacha de un plumazo, alegremente, en nombre sólo de su opinión, mientras que Nietzsche se enfrasca en una pelea sin un fin previsible contra la Idea. Stirner le da la espalda a esa pelea porque no considera a la Idea un rival digno de él. Nietzsche es un botánico; Stirner, un leñador. Por eso Nietzsche tiene una producción literaria tan abundante mientras que Stirner sólo escribió una obra extensa. Pero ambos combaten lo que consideran la mala hierba de la Idea que recorre todo el siglo XIX recogiendo el testigo de la Cristiandad. Aunque no dejó constancia de que Stirner le influyera, muchos párrafos de Nietzsche son muy confundibles con el lenguaje stirneriano.