18 febrero 2018

Kafka en Vallecas (Puente)

«Posiblemente algún desconocido había calumniado a Joseph K., pues sin que éste hubiese hecho nada punible, fue detenido una mañana». Así comienza El proceso, novela póstuma de Franz Kafka publicada en 1925, un año después de su muerte. Kafka dejó la novela inconclusa al morir, y fue su amigo y editor Max Brod quien ordenó los manuscritos para darles forma. Noventa y tres años después, el 9 de febrero de 2018, hay gente empeñada en concluir a su manera la novela inconclusa. Kafka podría haber tomado muestras impagables de humores y heces de realidad, esa bruja amarga y asfixiante, en la biblioteca pública de Vallecas, dependiente de la Comunidad Autónoma de Madrid.
A las 12.30 de la mañana del 12 de febrero pasado llegó una carta certificada a mi casa. El cartero me la entregó. Un elegante sobre americano blanco con ventana. ¿O era sin ventana? Lo rasgué y leí con ojos incrédulos:
«Bibliotecas de la Comunidad de Madrid
Estimado Sr. Ángel Fernández Sebastián
Le comunicamos que con fecha 9 de febrero de 2018, se ha procedido a darle de baja en el Taller de escritura de relato breve: avanzado que se realiza en la Biblioteca Pública Miguel Hernández (Puente de Vallecas) Avenida Rafael Alberti, 36, MADRID, de acuerdo a la Normativa de funcionamiento de los Talleres y Clubes de Lectura de la Comunidad de Madrid.
Madrid a 9 de febrero de 2018
LA DIRECTORA DE LA BIBLIOTECA MIGUEL HERNÁNDEZ
Fdo. María del Carmen García-Risco Vigara».
La sensación que me produjo la carta fue rara. Por un lado de incredulidad, pero por otro de cierta euforia, por extraño que parezca. Se trataba de un error, sin duda. Eso era: me habían expulsado por error. Llamaría (¿a dónde? La carta no me indicaba dónde recurrir en caso de desacuerdo)…, en fin: llamaría a algún sitio, hablaría con alguien y todo se resolvería en un periquete.

02 febrero 2018

Estupidez y/o decálogos literarios

La estupidez ha jugado —y juega— un gran papel en la búsqueda de la verdad. Casi todo lo que se ha avanzado en esa búsqueda ha sido fruto del combate no tanto contra el error como contra la estupidez. La estupidez, esa roca inexpugnable que destroza todo lo que choca contra ella según Flaubert, pero contra la que, pese a todo, hay que seguir embistiendo en una especie de trabajo de Sísifo horizontal. ¿Se la puede rodear? No. Hay que darse de cabezazos contra ella. La estupidez es la peor plaga, la que carcome la lucidez y la inteligencia: es necesario atacarla de frente, sobre todo cuando, como ahora, impera tan a sus anchas que llega a adquirir a bajo coste cierto prestigio social. Del combate surge la verdad como de la fricción surge el fuego. La mayor parte de los grandes escritos, o al menos de los más sabrosos, han sido polémicos (desde la lucha entre herejías y ortodoxias a la lucha de unas escuelas filosóficas contra otras), y la literatura no escapa a esta realidad. Heráclito dijo que la guerra es el padre de todas las cosas, y no parece que se equivocara. De la paz sólo puede nacer el bostezo y el musgo. El conflicto —una de las condiciones, seguramente la principal, de los textos narrativos— hace saltar chispas, estallar volcanes, brotar pensamientos y pasiones a chorro; provoca crímenes y actos heroicos: es la génesis de todas las cosas.

25 diciembre 2017

¿Qué has querido decir?

Hace unos meses leí en un taller de escritura creativa uno de mis relatos breves. En resumen, narraba el reencuentro de un hombre y una mujer que treinta años atrás habían tenido cierta relación de amor-odio. El reencuentro, de unos pocos minutos, reproducía de manera muy condensada todo lo bueno y lo malo de aquella antigua relación. Una compañera me preguntó:
—¿Qué has querido decir?
—¿Que qué he querido decir? —contesté—. Lo que he leído, espero.
—Sí —insistió ella—, pero ¿qué has querido decir más allá?
—¿Más allá de qué?
—Del texto.
Respondí que nada. Que no hay nada más allá del texto. Que todo estaba ahí, en el papel. Más vale que haya querido decir lo que he dicho, pensé, y que además haya dicho lo que quería decir; si no, tendré que decir otra cosa.
Un texto es algo cerrado, un mensaje en una botella con el tapón sellado. Si el tapón salta en medio de la marea, la botella se va a llenar de agua salada, se va a hundir y el mensaje se va a perder.